Viaje a Mississippi para el Huracán Katrina

El 1 de septiembre de 2005, llegué en Montgomery, Alabama con un grupo grande de voluntarios de Servicios de Desastre de la Cruz Roja Americana. Asignado al trabajo en refugios, nos dijeron para contar con el peor. Para prepararse, recolectamos y cargamos provisiones, tales como agua y las “Comidas Calentador” (como las raciones militares, pero en un empaquetado más agradable).

La mañana siguiente, el 2 de septiembre, nos dirigimos a Gulfport, Mississippi. Mientras que acercamos a nuestra destinación, la destrucción se notó más de la autopista. Algunas áreas del terreno fueron niveladas, mientras que otras parecían que ni siquiera estaban tocados. Entonces, pasamos por unos coches en línea de casi dos millas de largo cerca de una de las salidas para una gasolinera. Nos sentíamos relevados que todavía teníamos casi tres cuartos de un tanque y que llegaríamos antes del toque de queda de las 8:00pm.

Más tarde por la mañana, llegamos a la Jefatura de Operaciones Temporales de la Cruz Roja Americana de la Costa del Golfo de Mississippi. Me asignaron como la Encargada Auxiliar de Albergue en la Escuela Primaria Central de Harrison en Gulfport. Finalmente, conocimos a las dos hermanas que se encargaban del refugio. Aunque eran cansados de funcionar el albergue después de una semana, y ellas habían perdido todo ellos mismos, eran buenas y provechosas. Dormimos en el piso para los primeros cinco días hasta que los catres fueron entregados. Afortunadamente, teníamos la agua corriente y una ducha de expediente.

Yvette Castro-Green en Hewes Avenue en Gulfport, Mississippi en un barrio afectado por el Huracán Katrina (septiembre 2005)

Yvette Castro-Green en Hewes Avenue en Gulfport, Mississippi en un barrio afectado por el Huracán Katrina (septiembre 2005)

Me impresionó la resistencia de los 164 residentes, quienes habían formado un equipo que cocinaba entre sí mismos, y que servía tres comidas al día, gracias a un generador que había sido donado. También me sorprendió el hombre que había inventado la ducha de expediente de los cajones plásticos y de las latas de la soda (con los agujeros empujados a través de ellos) para una cabeza de la ducha. Otro residente, una mujer flaca con una voz cansina distinta de Mississippi, era un ayudante leal, siempre limpiando los cuartos de baño diariamente y de buena voluntad.  Y aun otro hombre, que perdió a su panadería, logró reunir a todos los suministros, me horneo un pastel delicioso para el día de mis cumpleaños, el 10 de septiembre – que me hizo sentir como si estuviera en casa.

Como voluntarios ardientes, trabajamos en equipo para hacer funcionar el albergue. Las luces se apagaban a las 10:00pm, pero el calor del noventa-grado no se aguantaba. Mi tanda era generalmente desde las 8:00pm hasta las 2:00am, así que manejaría los sucesos inusuales, tales como emergencias diabéticas o de respiración, que resolví con la enfermera. Después de que algunos días pasaran, algunos residentes fueron juntados con miembros de sus familias, mientras que otros dejaron el refugio por una nueva vida en otros estados, o esperaron ansiosamente para volver a sus hogares. Yo salí también del albergue después de trabajar allí por dos semanas, y entonces el albergue cerró algunos días después.

Durante las últimas dos semanas, me asignaron al Escritorio de las Operaciones de Los Servicios del Socio en el edificio de La Jefatura en Biloxi. Como Enlace del Gobierno de la Cruz Roja Americana, colaboré doce horas al día con los socios del gobierno local, estado, y federal, y con otras agencias voluntarias, para resolver las necesidades de una estimación de 950.000 gente afectada en Mississippi.  Mi responsabilidades incluían lo siguiente: Tomar llamadas telefónicas, responder a las visitas de funcionarios de varios sitios, y resolver situaciones. Manejé preocupaciones verdaderas, tales como vaciar los basureros que se desbordaban, proveer agua a las cocinas de la Cruz Roja, y asegurar la presencia del Protector Nacional por el control del gentío en nuestros sitios de la ayuda financiera. Al principio, teníamos centenares de solicitudes.  ¡Cuando dejé el trabajo, las solicitudes habían sido reducidos a la mitad de la docena! Sí, habíamos progresado…

El 29 de septiembre, monté un avión para regresar de nuevo a Leesburg, Virginia. Gracias a toda la gente en Mississippi y los muchos voluntarios de cercano y de lejano, respondimos a la necesidad y ayudamos de una manera pequeña. Todavía me estraña esos días en que el refugio finalmente llegó a ser con aire acondicionado, cuando los residentes del refugio me dijeron “gracias, ” y cuando compartí la cena después de un día largo en La Jefatura con otros voluntarios llamados para ayudar. Pronto todos regresaríamos a nuestros hogares, familias, y las camas cómodas, a diferencia de la gente que aguantó la pérdida causado por una tormenta tan feroz.

Journey to Mississippi for Hurricane Katrina

On September 1, 2005, I arrived in Montgomery, Alabama with a large group of American Red Cross Disaster Services volunteers.  Assigned to work in shelters, we were told to expect the worst.  In order to prepare, we gathered and loaded up supplies, such as water and Heater Meals (like military rations, but in nicer packaging).

The following morning, on September 2nd , we headed to Gulfport, Mississippi.  As we approached our destination, the destruction became more noticeable off the interstate.  Some areas were leveled, while others were untouched.  Then, we passed by a line of cars almost two miles long off of one of the exits for a gas station.  We felt relieved that we had about three-quarters of a tank left and that we would arrive before 8:00pm curfew.

Later that morning, we arrived at the American Red Cross Mississippi Gulf Coast Chapter Temporary Operations Headquarters.  I was assigned as the Assistant Shelter Manager at Harrison Central Elementary School in Gulfport.  Finally, we met the current shelter managers, two sisters.  They were kind and helpful, even though they were tired from running the shelter for a week, and they had lost everything themselves.  We slept on the floor for the first five days until cots were delivered.  Luckily, we had running water and a make-shift shower.

I was impressed by the resilience of the 164 residents, who had formed a cooking crew amongst themselves, and were serving three meals a day, thanks to a generator that had been donated.  I was also amazed by the resident who had devised the make-shift shower out of plastic crates and soda cans (with holes poked through them) for a shower head.  Another resident, a thin woman with a distinct Mississippi drawl, was a loyal helper, always willing to clean the bathrooms daily.  And yet another man, who lost his bakery, managed to gather all the supplies, to bake me a delicious cake on my birthday, September 10th – it made me feel as if I was home.

Yvette Castro-Green on Hewes Avenue in Gulfport, Mississippi in Hurricane Katrina affected neighborhood (September 2005)

Yvette Castro-Green on Hewes Avenue in Gulfport, Mississippi in Hurricane Katrina affected neighborhood (September 2005)

As eager volunteers, we worked as a team to run the shelter.  Lights out was 10:00pm, but the ninety-degree heat was unbearable.  My shift was usually 8pm-2am, so I would handle the unusual happenings, such as diabetic or breathing emergencies, which I resolved with the nurse.  After a few days passed, some residents were reunited with their family members, while others left the shelter for a new life in other states, or waited anxiously to return to their homes.  I, too, departed from the shelter after serving there for two weeks, and it closed a few days later.

During my last two weeks, I was assigned to the Partner Services Operations Desk at the Headquarters building in Biloxi.  As a Government Liaison, I collaborated twelve hours a day with local, state, and federal government partners, and other voluntary agencies, to meet the needs of an estimated 950,000 affected people in Mississippi.  My responsibility was to take phone calls, respond to visits from officials at various locations, and resolve issues.  I handled real concerns, such as emptying overflowing dumpsters, supplying Red Cross kitchens with water, and securing National Guard presence for crowd-control at our financial assistance sites.  Initially, we had hundreds of pending requests…by the time I left, the requests had been reduced to half a dozen!  Yes, we had made progress…

On September 29th, I boarded a plane back to Leesburg, Virginia.  Thanks to all the people in Mississippi, and the many volunteers from near and far, we responded to the need and helped in a small way.  I still miss those days when the shelter finally became air-conditioned, when the shelter residents said “thank you,” and I shared dinner after a long day at the Headquarters with other volunteers called to help.  Soon we would all be returning to our homes, families, and comfortable beds, unlike the people who endured the loss brought on by such a fierce storm.